La tableta de “Chuao” aparece y desaparece, como una ilusión. Hace algún tiempo una mensajera de paso por Italia confirmó que estaban agotadas en los alimentari donde alcanzó a preguntar. La última vez que visité la
No andaba en busca del mejor chocolate del mundo cuando el papelito cayó al piso. Tenía anotada una dirección: “San Gervasio 29, La Rotta”. Al instante fui teletransportado hacia una carretera italiana una tarde de mayo, y aún más allá, hasta un valle venezolano marítimo e inusualmente verde. Dos paisajes fundidos en una tableta de chocolate cuya envoltura lleva escrita una palabra: “Chuao”.
El crítico de vinos es un animal de la
modernidad, pero a veces exageran. Es el caso de quien podría ser
considerado como uno de los mejores de todo el mundo, si el éxito se
midiera por el número de seguidores y de botellas vendidas. Bueno, lo
curioso es que esa persona no existe. Y su nombre es Shizuku Kanzaki.
Si crees que vamos a conquistar pronto otro planeta con las nuevas tecnologías, deberías entretenerte un rato con mi licuadora último modelo. Es un aparato de la modernidad, su glamour se debate entre el vidrio y el acero. Tiene líneas propias del futurismo, y cuando la vi, con promesas de altas revoluciones, y a ese precio, pues una fuerza galáctica hizo que la comprara. Ahora bien, mucha gente compra estos aparatos para hacer jugos o cremas de verduras. Para mí, sólo tiene un uso: hacer pesto de albahaca.

Se mira y no se toca: estas pueden ser las galletas más caras de la historia. Además son de amaranto, que casi nadie consume. Con nueces. Y quizás sean las más viejas disponibles en el hipermercado global, pues fueron horneadas en 1985. Pero tienen otra virtud: estuvieron en el mismísimo espacio exterior, allá en la órbita de nuestro pequeño planeta. Como curiosidad gastronómica, no se puede ir más lejos. Por el momento.
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